Vladimir de la Cruz: “Veo a la EUNED como la principal casa editorial nacional”

Vladimir de la Cruz es el nuevo miembro del Consejo Editorial de la EUNED

 

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Carolina Arias Núñez
Promoción editorial

Con más de 40 años de experiencia como docente universitario, formado como historiador y con estudios en Derecho, Vladimir de la Cruz es el nuevo miembro del Consejo Editorial de la EUNED, en representación del Consejo Universitario de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y en sustitución de la Máster Nora González Chacón.

El también ganador del Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en Historia y Premio Cleto González Víquez, de la Academia de Geografía e Historia de Costa Rica, nos habla, en esta entrevista, sobre su pasión por la lectura y su visión de la EUNED como editorial pública.

 

Don Vladimir, usted no ha publicado como autor individual con la EUNED, pero entiendo que conoce muy bien la vida editorial del país.

Efectivamente, como autor con libro individual, no he publicado bajo el sello de la EUNED. He publicado con otras editoriales. Estoy con el sello de la EUNED en el libro colectivo Historia de la educación costarricense, con el artículo “La educación y la cultura costarricense en el siglo XIX: de las Cortes de Cádiz a las reformas educativas”. He estado muy vinculado a la vida editorial desde la década de 1980, cuando por varios años fui miembro del Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica y por varios años también fui su presidente. De 1988 a 1992, fui director de producciones de la Editorial Euroamericana de Ediciones.

La EUNED la conozco prácticamente desde que se fundó y empezó a publicar. He seguido de cerca su producción y la valoro enormemente. Hoy es la editorial más importante del país por sus publicaciones. Desde que estaba en la Universidad de Costa Rica, como estudiante, y luego como profesor en la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional, he mantenido un contacto estrecho y de rica amistad con autores nacionales en los diversos campos de la cultura nacional. He estado ligado a proyectos editoriales pequeños.

 

Entonces, junto a su actividad docente, ha estado vinculado con el mundo de la cultura nacional y los libros.

Así es, he sido fiscal de la Asociación de Autores de Obras Literarias, Artísticas y Científicas de Costa Rica; jurado de Premios Nacionales; miembro de consejos editoriales de revistas; miembro de la Junta Directiva de la Imprenta Nacional. También, he sido miembro y presidente de la Junta Directiva del Museo Rafael Ángel Calderón Guardia. Actualmente soy secretario de la Academia Morista Costarricense.

 

En cuanto a usted como lector, don Vladimir, ¿prefiere los libros impresos o digitales?

Yo pertenezco a la vieja “escuela” de lectores. Mi primer contacto con los libros fue por mi madre que me leía desde que yo estaba muy pequeñito, cuando no había televisión, y por la radio, aparte de la música, se escuchaban intervenciones, debates políticos y narraciones de escritores, como las de Adolfo Herrera García, que yo aprendí a escuchar.

En el colegio nos ponían a leer libros completos, no resúmenes como luego se impuso en la práctica escolar, con lo cual los maestros y profesores también dejaron de leer libros completos.

En esa época de colegio dedicaba todas las tardes de los sábados a escuchar las óperas, conciertos y zarzuelas de la Radio Universidad. Aprendí a ir a la vieja Biblioteca Nacional cuando estaba en la escuela y cuando era costumbre que allí nos prestaran libros para llevar a la casa. Puedo describir la vieja Biblioteca como si todavía la visitara.

En mi casa hubo una biblioteca de mis padres que fue saqueada en la guerra civil de 1948 por quienes ganaron la guerra. Mi madre poco a poco fue haciendo de nuevo la suya. Ella era una gran lectora. Cuando se pensionó, dedicaba hasta seis horas al día para leer libros y me pedía autores o me solicitaba que yo se los ofreciera. Llegó a perder mucho la visión y continuó con audiolibros que yo le compraba.

Mi madre fue amiga fue grandes escritores nacionales y por ella los conocí: Calufa, Herrera García, Fabián Dobles, Joaquín Gutiérrez, Arturo Montero, Joaquín García Monge, Arturo Agüero etc. Mi abuelita materna, por su parte, otra gran lectora, me solicitaba que leyera mientras ella trabajaba en la casa y por las tardes, en sus ratos de descanso.

Compañeros de barrio, jóvenes como yo, eran grandes lectores y competíamos en lecturas de autores clásicos: Verne, Salgari, Zane Grey. Aprendí “a hacer” biblioteca desde mi casa.

 

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En su oficina, don Vladimir comparte, día a día, con libreros y estantes
 

Al final del colegio y al entrar a la universidad, mis amigos y amigas, de militancia política vanguardista, eran también grandes lectores y autores jóvenes en esos años: Chase, Debravo, Albán y muchos otros.

Mi esposa, con la que tengo 48 años de casado, es una gran lectora también. De esta manera, mi ambiente familiar es de libros y de lecturas. La lectura también requiere ambiente o entorno, en este caso familiar, de lectura. Así me desarrollé en los libros y con autores.

Sigo leyendo el libro impreso frente al electrónico. Los prefiero impresos, se pueden tocar y esto permite desarrollar el sentido del tacto por las diferentes texturas de los libros, oler, acariciar, son fáciles de manejar y transportar; los libros adquieren vida con uno, se pueden prestar y regalar, permiten hacer bibliotecas, se pueden formar colecciones; son más duraderos que los libros electrónicos, se juega con ellos y los sentidos con solo pasar las páginas; se les puede apreciar belleza física y hasta enamorarse de algún libro que se descubre en el montón con solo verle su lomo.

En mi caso, el libro impreso me produce mayor concentración, me desconecta del entorno. También, quizá porque aprendí a leer desde muy pequeño, me desarrolló una memoria visual. De la lectura, muchas veces puedo recordar casi dónde están las cosas que quiero recordar o buscar de nuevo.

 

¿Qué características particulares encuentra usted en la EUNED, en el ámbito nacional e internacional?

La EUNED tiene la particularidad de ser una editorial universitaria, que divide su producción en dos grandes campos: atender la producción de textos universitarios, de apoyo y en concordancia con su finalidad educativa, y cubrir necesidades de producción de libros nacionales en las distintas ramas, para públicos no solo universitarios, promoviendo escritores nacionales, nuevos autores y rescatando obras que deben estar al alcance de los lectores generales y especializados. Además, tiene producción de audiovisuales. Me parece que de las editoriales nacionales es quizá la que más promoción hace de sus textos y de sus autores.

 

En su opinión, ¿qué papel juega y debería jugar la producción, edición y distribución de libros en el mundo actual, sobre todo en una coyuntura en la que la gente está en su casa la mayor parte del tiempo, por la COVID-19?

Soy de la idea que hay que estimular la lectura en todas sus formas. En tanto formaré parte de la EUNED, estaré más de acuerdo con la producción del libro impreso, pero de conformidad con las necesidades académicas, estaré de acuerdo y abierto a cualquier modalidad de producción de libros que se puedan impulsar en función de los estudiantes y del público lector en general.

La clave es leer como hábito, como costumbre, por mínimo que sea el tiempo que se dedica a la lectura. El lector se hace leyendo. Nadie puede leer por uno. Cuando se tiene el hábito, la práctica incrementa naturalmente el tiempo de lectura, pero hay una cosa importante: lo que dejé de leer hoy no lo leo acumulativamente mañana. Por eso, es importante la constancia.

Las nuevas generaciones son más dadas a la lectura del libro electrónico. Lo sé por mis nietos, cuando desde la escuela les estimulan, bajo buen control de lectura, el hábito de leer, aunque sean obras pequeñas, pero de manera completa; sin embargo, no sucede igual con todos los escolares.

A nivel electrónico hay enormes desigualdades entre los estudiantes del país y a nivel de lectura física, hay dificultades económicas para comprar libros y también hay dificultades materiales en las casas para tenerlos. Ya no se tienen en las casas “estanteros” o “bibliotecas” para libros, ni espacios de oficina aptos para desarrollar libreros o estanteros de libros y espacios de lectura.

 

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Don Vladimir ha construido todo un centro de documentación en su casa

 

Desde que el televisor se metió en el comedor y en los cuartos de las casas, se afectó y perdió el tiempo de la lectura.

En una situación de “encierro forzado”, como está produciendo la pandemia, para la mayoría de las personas es un momento especial para aprovechar el tiempo leyendo, para disfrutar este tiempo de ocio en el entretenimiento de la lectura.

En esto de la lectura, también hay que definir, en el hogar, el derecho de tiempo de cada quien para realizar su lectura, sin perjudicar otras obligaciones hogareñas o el teletrabajo, si así sucediera. La pandemia ha impuesto la necesidad de definir espacios para los distintos miembros de las familias en los hogares, pero también de compartir tiempos y uno de ellos puede ser el de la lectura.

 

¿Cómo ve usted a la EUNED hacia el futuro y cómo marcará esta visión su participación en su Consejo Editorial?

Sigo viendo a la EUNED como la principal casa editorial nacional. Desde nuestro trabajo editorial, debemos luchar por mantener ese nivel con la calidad de producción y de edición que hasta hoy ha tenido.

El Consejo Directivo tiene gente experta, autores destacados y de méritos muy reconocidos, gente experta en el campo de la cultura nacional; para mí, todos conocidos y a quienes respeto y admiro y a quienes les tengo un afecto especial. Esto es importante, porque contribuye a formar equipo de trabajo. Espero contribuir con ellos en el engrandecimiento de la EUNED.

 

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