“Ha llegado la hora de los chiricanos”, afirma el antropólogo José Luis Amador Matamoros

EUNED participó en las celebraciones del Día de la Persona Chiricana en Buenos Aires de Puntarenas

El libro Historia y tradición en Potrero Grande. Un pueblo costarricense de origen chiricano-panameño de José Luis Amador ha sido fundamental para consolidar la identidad chiricana en el sur del país

Carolina Arias Núñez
aariasn@uned.ac.cr 

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“La hora de los chiricanos ha llegado. ¡Qué vivan los chiricanos! ¡Qué viva Buenos Aires! ¡Qué viva la armonía de todos los pueblos de este hermoso cantón de la diversidad!”. Así concluyó su exposición el antropólogo José Luis Amador Matamoros durante el acto oficial de celebración del Día de la Persona Chiricana, el viernes 24 de mayo en Buenos Aires de Puntarenas.

"Hay un país de colores que se llama Buenos Aires. Ese pequeño país tiene una riqueza y es su diversidad cultural. Los chiricanos son un color más del arcoíris cultural del sur”.

José Luis Amador Matamoros, antropólogo

Amador presentó los resultados de una investigación que inició hace más de 20 años, con el miembro de la comunidad chiricana de Potrero Grande Pastor Pinzón Bonilla, los cuales fueron recogidos en el libro Historia y tradición en Potrero Grande. Un pueblo costarricense de origen chiricano-panameño (EUNED, 2008).

En el marco de su 40 aniversario, la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED) participó en las celebraciones del Día de la Persona Chiricana organizadas por la Dirección Regional de Educación Grande del Térraba, tanto en Buenos Aires de Puntarenas como en la comunidad de Potrero Grande.

El miembro del Consejo Universitario de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y del Consejo Editorial EUNED, Gustavo Amador Hernández, recalcó que, durante más de cuatro décadas, la UNED y su editorial “han estado acompañando a los pueblos y sus comunidades. Estamos en los territorios, fundamentalmente creando valor público, a propósito de los objetivos que tiene la educación costarricense. En ese afán, la EUNED se complace en hacer tres aportes a esta zona geográfica, aunque habrá una docena más que, de una u otra forma, tienen referencia a estos territorios.”

 

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​Gustavo Amador Hernández, del Consejo Editorial EUNED

Amador Hernández se refirió a los libros Lejano Diquís, de Claudio Barrantes Cartín, que recoge la esencia histórica, social y comunal de esta región; Así era Curré. Una visión de la comunidad indígena de Curré de principios del siglo XX hasta la década de los años 50, de José Rodolfo Rojas González, y la obra presentada por José Luis Amador Matamoros, Historia y tradición en Potrero Grande, un pueblo costarricense de origen chiricano-panameño.

Amador Matamoros y Pinzón Bonilla han sido los principales impulsores del rescate de la cultura chiricana en el sur de Costa Rica, de la cual el segundo es heredero directo. La posible construcción de un proyecto hidroeléctrico en la zona de Potrero Grande impulsó su trabajo conjunto, pues, ante la amenaza de que el pueblo fuera reubicado y sus tierras inundadas, la población le solicitó a Amador escribir su historia y rescatar su origen chiricano, labor que Pinzón Bonilla ya venía haciendo por su cuenta

“Dije ‘yo voy a hacer la investigación de Potrero Grande porque se me van a ir los viejitos y no voy a recopilar esto’. Nunca pensé que llegaría a estos extremos”, narró Pinzón. 

 

“Sueño con un Buenos Aires donde cada vez más puedan convivir en armonía térrabas, bribris, cabécares, borucas, ngöbes, chiricanos y meseteños, todos. Con ese ideal es que hemos empujado la carreta para crear el Día de la Chiricanidad. Si no creyéramos en la diversidad, no tendría sentido. La bandera de la diversidad tiene sentido si todos brillan juntos”.

José Luis Amador Matamoros, antropólogo

 

 

Amador se encontró con que no se trataba solo de la historia de una comunidad, sino la de todo un pueblo disperso por el sur de Costa Rica e, incluso, en las zonas costeras. Así nació el libro Historia y tradición en Potrero Grande. Un pueblo costarricense de origen chiricano-panameño que cumple dos propósitos fundamentales: recuperar la historia de Potrero Grande y abordar la pregunta de quiénes son los chiricanos en esa región.

El libro ha sido fundamental para consolidar la identidad chiricana en el sur de Costa Rica, paralelo a los encuentros que arrancaron hace 10 años en Potrero Grande.

Fue en el II Encuentro, en el 2018, que se planteó la idea de crear el Día de la Chiricanidad (hoy llamado Día de la Persona Chiricana), iniciativa que contó con el apoyo de todos los involucrados: el Ministerio de Educación Pública (MEP), representado por su Departamento de Interculturalidad y la Dirección Regional Grande del Térraba; la Alcaldía de Buenos Aires; la comunidad de Potrero Grande y, del lado panameño, la Universidad Autónoma de Chiquirí (UNACHI).

“Este momento es histórico, porque estamos hablando de la creación de una fecha, de la visibilización de un grupo étnico cultural que siempre había estado a la par de nosotros [...]. Hemos logrado evidenciar la presencia de un grupo étnico que forma parte del mosaico cultural de la nación costarricense y reconocer sus aportes a la construcción de la cultura y el desarrollo del sur de Costa Rica”, recalcó Amador Matamoros.

Las actividades del 23, 24 y 25 de mayo de este año fueron parte del III Encuentro Chiricano y contaron con la participación del MEP, la alcaldía de Buenos Aires de Puntarenas y una invitada de lujo: la historiadora, académica y escritora bonaerense Luz Alba Chacón León, quien ha sido otro pilar fundamental en el rescate de la historia y las tradiciones del sur de Costa Rica.

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​Antropólogo José Luis Amador Matamoros

Día de la Persona Chiricana

El Departamento de Interculturalidad del MEP declaró el 26 de mayo como el Día de la Persona Chiricana y lo incluyó en el calendario escolar desde el 2019. Este día será celebrado con especial énfasis en la zona sur de Costa Rica, promotora de dicha declaración.

Los chiricanos provienen de la provincia de Chiriquí, en Panamá. Sus migraciones hacia Costa Rica iniciaron a mediados del siglo XIX y se extendieron hasta principios del siglo XX. Llegaron al sur de Costa Rica por las rutas de Cañas Gordas y La Cuesta, así como por vía marítima, trayendo al país apellidos de origen chiricano como Beita, Pinzón, Quintero, Caballero, Fuentes, Castillo, Arauz, Saldaña, entre muchos otros.

La comunidad chiricana también nos ha heredado comidas como las almojábanas y el bienmesabe, además de las salomas, la música de acordeón, el punto y la cumbia.

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Carolina Arias Núñez
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